Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

Dejo el circo


Cuando abrió los ojos aún le dolía todo el cuerpo. Tenía los músculos entumecidos, los huesos eran inamovibles y la boca aún hedía a alcohol. Como pudo se levantó. No se miró al espejo. No tenía por qué soportar verse. No le apetecía mirarse en el espejo y ver reflejado dos ojos turbios y lagrimosos cargados de decepción. Bajó la vieja maleta de encima del armario, la desempolvó y metió la ropa dentro. Entonces sacó papel y lápiz.
No sirvo para esto. No sé hacer reír, no sé hacer llorar, no soy buen payaso. No mio no es magia, no existe en mí la ilusión. No quiero arrimarme más a horribles bestias. No pienso tragar más fuego. Pésimo funambulista, estoy harto de vivir en la cuerda floja. Estoy harto del p’aquí p’allá.
Firmó y se marchó a no sabía donde, para no volver, al menos siendo el mismo. Dejó solo la carta, la pintura y el recuerdo, no quiso llevárselo.

Llover


Llover, llover, llover.
Llover y llorar,
y vuelta a llorar,
no hay más.
Eso es todo,
argentado cielo
no hay que ver
todo es llover.

Y yo aquí,
en medio de este diluvio,
anegado, ahogado,
perdido.
Entre la lluvia
no se ve nada,
tan solo llorar.

Mañana de gris,
miseria por cielo
Tan solo agua,
eternidad de agua
de agua y de llanto,
de lágrimas,
de ti,
de ausencia.

Tic-Tac agridulce


El reloj, un lento retumbar de jajas recuerdo y tormento de una derrota. Por perdedor, por orgulloso, por fracasar. Y es que me dejé caer, me dejé llevar, me dejé triunfar. Fuimos a encontrarnos, en silencio, habíamos dejado la puerta abierta, como suele ocurrir en las casas donde han ocurrido desastres. No mediamos palabra, tan sólo nos entregamos, y no sé si por suerte o por desgracia, no a los sentimientos. Nos arrojamos a la pasión de desquitarnos, a odiarnos mientras nos besábamos a ver a quien le dolían más a la mañana siguiente los besos. Resaca de bocados, dulce y amarga.
Me miento a cada hora, cada día, cada suspiro es mentira. Sumergido en este aroma, como un lucero manchando un cielo claro salpicado de estrellas, perdido, te he buscado. Como el gotear de la noche, suave, me he enamorado. Como el morir de la oscuridad con cada dentellada en el renacer del día para que se bañe la luna en el sol, apasionado, así, así te he querido. Fuerza, raza, pasión y dolor. Y hoy, nada. Quiero olvidar. Créeme que lo intento. Lo he prometido tantas y tantas veces que ya ha perdido todo el valor, palabras vacías. Del te amo al te odio, del bésame al no quiero saber más de ti, todo para acabar recayendo en ti. Veme fracasar. He ahí la belleza de la derrota, en el dulce olor que queda de quemar las promesas.
Aquí quedo en pie, soldadito de azúcar y sal anegado por una lluvia de lágrimas. Ando cansado de la monotonía, la periodicidad, del volteo del reloj y de la incansable arena que inunda cada grito para dejarlo en nada. De esta eterna nada ando cansado, hasta de ver pasar el tiempo. Quién pudiera detenerlo y castigarlo por andar siempre embriagado. Puto desvariar de las horas, maldito desliar de la noche. Vayámonos de este ruido. Ya me pateé estos lares. No quiero saber más de este sucio cenagal de barro durmiente en las lagunas de las que evaporaron tus recuerdos. Me estoy ahogando y no sé cómo. Ni sé escapar, ni sé salir, tan sólo nadar, enfrentarme al mar, y me falta valor. No soy capaz de lanzarme contra él, echar a nadar y que sea lo que algún Dios traidor quiera. Me planto frente al mar, cada mañana, cada atardecer. Espero que un ola te traiga hacia mí, o que traiga tan solo tu imagen, o un susurro tuyo, algo. Te espero envela frente al mar, sobre la arena, pero no me atrevo a nadar. Es el miedo, que está clavado en mi alma. Miedo al camino, al futuro y al pasado. Es miedo a la nada. Miedo a que como ayer seamos nada, al caer y caer sobre nada. Y la nada me asfixia, la nada que resta que es lo que queda de mí. Soy nada.
En algún momento creí en el amor con toda mi alma. Y perdí. Pero vos me disteis la fuerza para renunciar a todo en lo que creí, las mentiras, esa falsa esperanza de encontrar el amor, los cruces de miradas, todo, que era nada. Y murió una parte de mí en el proceso. No hay más, Aquí estoy, mutilado, herido por cien mil versos, esperando frente al mar, sin valor para arrojarme. Y ahora siendo nada, me dejo caer otra vez en esa ilusión que no pertenece a realidad y no existe más que en el cielo brumoso de la fantasía, sombras de nada. Necesito saber que algo va a cambiar. Nada enamorada, nada hecha de nada que nada busca, que nada quiere.
Maldigo a Apolo por inventar que existe el amor, por hacernos creer todo esto, hacernos esclavos de una ilusión que nos tortura y nos derrama en versos inútiles, por hacernos presos de su locura. Y Dafne, ay! Dafne...

Canto libertario II A los mineros


La mina es frío y dolor
roncando en la oscuridad.
Es a trabajo y a sudor,
a lo que la mina huele.
Es la única canción
el tañido de suspiros.
La mina es orgullo y valor,
muerte entre dulces sueños,
sueños tiznados de carbón
¡Ay! Lágrimas en la mina
cuán manchadas de tizón.

Mineros en están lucha,
mineros que alzan la voz,
mineros de sucias caras,
mineros de corazón.
Sólo mineros en lucha
luchando por el carbón
para que coman sus hijos
por un mañana mejor.
La rabia arde en barricadas
quemando el miedo y el temor,
van cargados de coraje,
el llanto en la mina quedó.
La lucha aún continua.

Felicidad y egocentrismo


El otro día me desperté llorando, me pasé la mañana llorando. Pero no era por ella, ya la olvidé. Pero bueno, estoy hablando de mí. Cuanto más pienso que el otro día lloré, más me alegro de haber estado triste, estoy feliz de estar triste. No, no se me ha ido la cabeza, tampoco me equivoco, es cierto que estaba feliz de estar triste, al menos todo lo más feliz que he podido desde hace tiempo. Es perfectamente posible ser feliz llorando de la más amarga tristeza. Por más que lo creas no son contrarios, es más, pueden ser complementarios, puede dormir la felicidad en las lágrimas. Lo contrario de la tristeza es la alegría, y la alegría no es la felicidad. Te lo dice quien no ha sido feliz por más que ha reído. Estoy feliz de mi tristeza porque esta nacía del mundo, me di cuenta que el mi mundo es una mierda, así de simple, así, de sopetón, por eso lloré. Estoy feliz porque tuve conciencia de mundo, era consciente me mi realidad, por lo que era libre. La felicidad es la autorrealización, y esta en mí esta es la libertad. Cuanto más libre soy, más yo mismo soy. Por tanto, cuanta más conciencia de la realidad tengo, más soy yo. Era Argos, ergo era ego. ¿Lo entiendes ahora? Estoy feliz de volver a ser libre, de volver a ser yo, y volver a tener conciencia de mí, nada de nosotros. Soy yo.

Olor a lloros y a niño chico


Olor a lloros y a niño chico. Qué lejos llega el ayer, no se va el cabrón. Tengo ganas de emborracharme. Nada de embriagarme de fiesta, no hay fiesta, no hay nada que celebrar. Lo que más deseo ahora es hincharme a whiskys hasta no saber siquiera quien soy, emborracharme, ser poeta quizás por última vez antes de que no sienta ya nada. Tan solo siento vacío, me aburro, cansancio. Estoy hasta los huevos de todo, ya me paso todo por los huevos. Me la sopla el mundo, me la sopla los sentimientos, me la sopla todo. Ando harto de este eterno nublado de quebrantos, harto de andar roto y no poder llorar. Casado de leer, cansado de escribir. No me interesa saber cómo veían los poetas el mundo, no me apetece escribir más. Y es que no tengo ni ganas ni nada que escribir. Y es que ni siquiera sé si me gusta escribir, sólo sé que no sé hacerlo. Quizás tan solo buscaba que alguien me escuchara, que no se perdieran mis llamadas de auxilio, auto-convencerme de que quizás sabía hacer algo, no narrar, no emocionar, es saber que es lo que siento. Y nunca lo supe, siempre tarde fui. Todo fue una mentira, estoy harto de escribir. Calladme la boca antes de que esto se torne una seria demencia y sea incapaz de darme cuenta que no soy un poeta, antes de que la poesía acabe conmigo. Tan sólo golpes, le entregué todo lo que sentía, y solo me golpeó, nunca me llevó arriba, sólo me hundió. Y por ello llegué a creer que eran las personas quienes te ayudaban a subir. Mentira. Mundo egoísta que enseña que el único camino para subsistir es ser igual de egoísta que el resto, ser uno más.
¿De dónde vinieron? ¿A dónde se fueron los sueños? ¿A dónde se los llevaron? ¿Por qué me los arrebataron? Tantos sueños sin cumplir. ¡Devolvérmelos¡ porque no sé vivir sin ellos, no sé ser uno más. Lo intenté y era uno menos. Os lo repito, traédmelos. Traedme mis sueños dormidos en un whisky. Que al derpertar estén acurrucaditos en el fondo me mi corazón de nuevo.

Sobre el feminismo


Pequeña reflexión en la que me habré dejado cosas en el tintero.

El feminismo me lo paso por los huevos, bueno, y las feministas también. No sé que defienden, por qué luchan. ¿La igualdad entre el hombre y la mujer? ¿No me dicen que mis ideas son imposibles? ¿A ellas no les dicen nada? El feminismo es imposible. No se puede alcanzar una situación igual entre hombres y mujeres cuando no existe una propia del hombre. Miro y sólo veo desigualdad, entre hombres y mujeres, entre clases. Pero la verdad es que ellas no quieren igualdad, ellas quieren sentirse protegidas por este sistema y cobrar lo mismo, denuncian una desigualdad y defienden otra. Hipócritas, por ellas me da asco esa palabra. Adoptan un mensaje victimista para politizar todo. Atacan todo, hasta el humor. ¿Humor políticamente correcto? Mataría la mitad y privatizarían la mitad para quien entiende el humor inteligente, muchas de ellas siquiera serán capaces de entenderlo. Es imposible acabar con el humor, además, es humor, es pique, ¿qué sería de esta vida sin provocar? Retomando lo del victimismo, se pasan. No hace falta repasar algunas medidas estúpidas tomadas por algunos gobiernos cómplices del feminismo y del sistema. Bueno, y por no hablar tampoco de lo bien asimilado que tienen el victimismo a la hora de hablar e insultar, machista, maltratador, etc. Las cosas por su nombre, no soy machista, y el maltrato es el maltrato, sea físico o psicológico, pero debe ser de verdad, no pueden abusar de esa palabra como hacen. La vulgarizan a hasta tal punto que pierde el significado, y luego son ellas quienes lo sufren y no son capaces de reconocerlo. Y lo mismo hacen con el feminismo, lo destrozan, por culpa de ellas me da asco. Y yo soy feminista, feminista de verdad, mi feminismo es de clase. Mi feminismo no entiende de sexos, entiende de clases sociales. No quiero que queden atrás en la búsqueda del mundo que busco, en la búsqueda de la igualdad y de la justicia. Porque valen igual, porque muchas son incluso mejores que nosotros en muchas cosas. Pero sólo cuando saben luchar, cuando se dan cuenta que el machismo no lo ejerce no lo ejercen los hombres, que lo ejerce la sociedad que quiere que las defienda y sus guardianes, el capital, las tradiciones y la religión. Así que yo digo con la boca bien grande que soy feminista. No quiero a mi lado ni una mujer ni una novia, yo quiero una guerrillera, de esas feministas de verdad que hay tantas por ahí y que no deben identificarse con las que menciono aquí. Por ellas, por las que siguen en la calle y por las que ya nos dejaron. No manchen su lucha.


Prometeo de desamor

De frágiles “te quiero”,
llantos amargos por falsos amores,
y de este invierno estoy ebrio.
Rezumando estaban por mil balcones
sus dulces plata besos,
tan solo quedó el trasegar de una noche.
Soy el puto Prometeo,
con la desazón rompiendo corazones.
Ligero corazón
que no hay quien lo ahogue en alcohol.

Borracho de bipolaridad

Te quiero, sí te quiero. Lo digo con la boca grande, sin esconderme, porque es verdad. Y te he querido aún mucho más, o al menos como si lo hubiera hecho, esa era la sensación, porque el querer no compartía espacio con nada más. Porque estaba enamorado, porque estaba tan enamorado que todos tus defectos, los enfados y malas historias quedaban sepultados, incluso llegué a enamorarme de ellos. Estaba realmente enamorado, tanto y se quedó en tan poco, falsos te quieros y poemas rajados. Todavía te sigo queriendo pero ahora quererte comparte sitio con odiar. No me enfado por lo que sientas, eso no se puede controlar. Me enfado porque me mentiste y parecía tan real; porque jugaste conmigo a pesar de que, aunque digas lo contrario, siempre fui bueno contigo; de que prometí mi garganta en tu defensa, promesa que no sé en qué quedará ahora que no quieres nada de mí. Te odio, te odio de una manera que debería darme vergüenza tras amarte tanto, de tal manera que no puedo dormir tranquilo. Te odio y te sigo amando. Y aún así queda sitio para la tristeza por lo perdido; para el arrepentimiento por dejarme llegar; para la decepción por estar tan ciego, por no querer ver; para la añoranza de los te quieros en el oído y los besos que eran una droga, siempre de mono, siempre colocado; sitio para perderme en mí mismo. No sé si hay sitio para la ilusión y la esperanza, si siguen ahí escondidas, atrincheradas tras una barricada de besos, o murieron bombardeadas. Es todo tan confuso que no sé bien qué creer, por qué luchar, pero al menos sé que siento. Esto va a ser mi única guía ahora que no tengo nada, ahora que no quiero que vuelva a suceder lo mismo. Pero no sé que será de mí mañana, no sé cuanto aguantaré, no sé cuando te decidirás a quererme o dejarme, a dejarme tranquilo. A la espera pero en pie, aunque tenga los ojos a la vez tan turbios por la tristeza y el odio y sin embargo tan claros de la esperanza.

13 ilusiones quemadas

Traicionado por mí mismo. Creerte lo que no eres, intentar creer que puedes ser algo más. Pensar que eres inmune, superior. Engañarte a ti mismo, a lo más profundo de tu ser. Violar a tu musa, a tu único amor verdadero, aquel que como nada te da nunca te decepciona, la libertad. Pretender alcanzar la libertad y atarse, aunque me creyera libre. Normal por otro lado cuando te sabe a polvo la boca y ya no puedes llorar más. Pero eso no justifica el haber sido tan gilipollas, el perder la razón y la objetividad. La sensatez y la memoria me las dejé en casa mientras iba a arrullar golondrinas. ¿Y ahora de que me extraño? ¿no lo esperaba acaso? ¡Cómo puedo ser tan iluso! No se puede esperar que nadie te ame cuando no vives para ti, cuando el amor propio fue ajusticiado por orden de la experiencia. Así nunca se es capaz de aprovechar las oportunidades, siempre arruinándolo todo. Es cierto, no se vivir y ser desgraciado es tan solo un cuestión de actitud y sangre fría. Me enamoré de una quimera y me engulló con su boca. Ahora me niego a luchar en defensa de lo que no luché por conseguir, dejaré que el tiempo y el capricho jueguen conmigo intentando aguantar sin romper en lágrimas. Mientras, estoy abriéndome las venas con poemas e ilusiones, y no sin saber para y por qué. Mi corazón como la franja de Gaza, bombardeado, sin más defensa que una desgastada ilusión. La ilusión de que pueden curarse las heridas más hondas, las que no abren cuchillas. La misma triste ilusión que ayer soñaba con acabar con la soledad de mil vidas en una sola noche. He sido un hombre que en soledad buscaba algún rinconcito por donde respirar, pero ya no busco en lunas y los libros, sino en las enseñanzas que alimenta mi sangre y se esconde bajo cicatrices que ya son de otras guerras. No busco porque no sé siquiera que será de mí mañana. Puede que esta noche no duerma de tan borracho que voy, bebí demasiadas ilusiones. Y aquí borracho, cuanto más reflexiono más me doy cuenta de que nunca existió la posibilidad de estar unidos. En el fondo soy yo el bueno y lo peor de todo es que toda esta mierda que me cubre es tan cierta como que estoy llorando sin derramar una puta lágrima. Hoy y ayer, todos los días iguales.

Donde me pierdo para encontrarme

Una inmensa encina. Sigue siendo grande, pero ya no es infinita, alcanzo a ver su copa. Da una sombra fresca en la que podría estar mañanas y tardes enteras sin pensar en nada, aunque también deja pasar los rayos de luz para bañar la cara. Está junto a un pequeño arroyo de aguas claras y lecho sucio en el que meter los pies es una delicia y no cesa el borboteo como una nana. Quizás no es el sitio más bonito o el más limpio, quizás sea más bien cutre, pero allí me he dejado gran parte de mi vida. Mis tardes de paseo durante la infancia a ver el tren soñando viajar como él, hasta donde la vista se pierde en el horizonte, pensando que allí estaba mi sitio, era feliz y a nadie daba pena. Mis mañanas adolescentes, en las que aún con el sol escondido, íbamos con la bicicleta para hacer deporte que decía, aunque en realidad era para reírme hasta que me dolía la barriga, y a veces pelear también, con mi mejor amigo. La mejor manera de empezar el día y poder sentirme feliz. Y esas mañanas de verano siguen, pero comparten el sitio con paseos en los que yo solo voy para aclarar mis ideas, para hundirme, para salir a flote, para inspirarme, para sobrevivir, cada paseo una aventura sin saber que será de mí.
Me encanta esa encina. Quería ser una rama y dormirme con el viento meciéndome, sin preocupaciones más que ver un tren pasar. Allí nacieron todas mis ganas de vivir, mis planes para acabar conmigo mismo, mis ansias de romper con el mundo y mis cojones para seguir adelante. Hoy volví a ser feliz allí.

Canto libertario I Que se levanten los revolucionarios

Que se levante el proletariado.
¡Arriba los pobres, los olvidados!
¡Que sólo quiero paz!
La paz para los hombres,
para los de piel del color la tierra.
Los que siguen muriendo explotados,
los que hoy se quiebran el costado,
desde que sale el sol
hasta que se les caen los parpados.
Los obreros de fábricas,
jornaleros del campo,
los borrachos poetas
y locos guerrilleros soñadores
esos son mis hermanos.
Los que de mundo son enamorados,
así empuñan un arma
por no vivir más como un esclavo,
para lavar son sangre
el tan sucio pasado.
Yo aún sigo soñando
que el mulo cansado de los arados
mataba a su patrón.
Soñando con hombres sin clases sociales,
soñando un olvidado futuro,
que estuvo al alcance de la mano
Soñando que gigantes se caían,
desde sus nidos de seda en las copas
Metralla brama cerca del horizonte,
donde aún seguimos en lucha.
Siempre estamos soñando


¿Tendría que demostrar que me merezco el pseudonimo, no?Ya era hora de desempolvar la internacional un alzar el puño del papel al cielo.

A tu boquita

-Que no escapo
porque no puedo,
porque tengo el corazón prendido,
estoy enamorado,
de tus ojitos caramelo.
Déjame princesa
Déjame alzar vuelo

-¿A dónde irás tú tan presto
si cielo eres prisionero
y prisionero de tus sueños
en donde nunca pisaste suelo?

-Iré a andar, a buscar caminos,
a abrir veredas
por el mundo yermo.
Que nada temo,
no temo a lo incierto
si voy a mi hogar,
si voy ebrio.
Ebrio de buscarte,
de escribirte versos.
Borrachito de rabietas

-¿Y que buscas con esto?
¿Acaso no vives contento?

Vivo, que no vivo
si me faltan tus besos.
Vivo porque espero
espero lo que no consigo.
Buscaré un mundo de corderos,
que mi mundo está ya viejo.
Y es que mi mundo empieza y acaba donde tú estás,
donde escapo al tiempo.
Y es que aún somos pequeños.

Buscando una bocanada de aire,
eres todo mi aliento...

¿A dónde vas?

No voy a ningún lado, aún. Pero sí es verdad que me estoy buscando. No busco cambiar, espero que mientras vaya por la carretera, me encuentre a mí mismo para darle sentido a todo. Allí, plantado en el arcén. Algo más alto, más fuerte y más guapo de lo que soy ahora. Con bucles castaños cayéndome por la cara, y con una sonrisa asomando entre la barba. Llevando una mochila llena de recuerdos de mil sitios, y una guitarra. Bajo el brazo dos libros, uno de buena poesía con mi firma, y un manual de guerrilla. Allí, feliz, decidido, alguien, además, otra vez inocente, como cuando era aquel risueño niño. Y está hecho porque ha viajado, viene de mis más dulces sueños, de mis más horribles pesadilla, de llorar, y de reír.Y mientras que me encuentro, aprendo, hago camino. Me doy cuenta de lo pasa y le doy la vuelta a todo para que me sonría, para no preocuparme más por nada. Que el viento no viene en mi contra, viene a mi encuentro. No se pone el sol, sino el cielo se tinta rojo por ti, por mí y para que mañana salga el sol. Las cosas más pequeñas te devuelven la fuerza. Con doble ración de huevos y corazón.

Monotonía

Pasan los días y sigo aburrido. Siempre el mismo sentimiento, desolación, inferioridad, apatía, tristeza, siempre lo mismo. No sé bien lo que es, pero nada me llena aunque la verdad es que no hago nada bien. No sé hacer nada, no sé cantar, no se tocar un instrumento, no sé bailar, ni siquiera hablo bien como los que te dejan sin palabra cuando hablan como si te las robaran a tí, y mucho menos sé escribir. Por más que lo intento, nada. Eso de que si se le ponen ganas y trabajo salen las cosas es mentira, al menos para mí. Y luego la rutina. Me asfixio en los días. Siempre las mismas caras, los mismos sitios, las mismas cosas. Toda la semana cargada de trabajo hasta altas horas, cargada de aburrimiento y monotonía que no trae nada nuevo. Y luego, el fin de semana, si es que existe por culpa de las semanas de 14, de 21 días, es igual. Cambia a veces el lugar pero siempre es lo mismo, el mismo sentimiento, no aporta nada. Lo paso bien, es cierto, pero apenas acaba, cuando llego a casa, sigo igual. Nada nuevo nunca. Y me pregunto qué hago, pero tampoco puedo escapar, temo arrepentirme, aunque esto a lo que más se parece es a un arrepentimiento de como vivo que a otra cosa. No está siendo un nuevo propósito.
Y así son todos los días, idénticos... dejando pasar las horas sin poderlas vivir, explotándolas y malvendiéndolas a futuros inciertos. Vuelvo a casa cada tarde mintiéndome y prometiendo que mañana voy a empezar a ponerme serio, que voy a vivir. No sé si es que me hago viejo, que aun no he madurado o que de verdad algo no marcha... y a quién voy a engañar, seguiré sentado esperando algo, un cambio, una oportunidad... tarde o temprano me tiene que tocar a mí.

Recuerdos

Nada hay de lo que arrepentirse,
ni de que en besos se pueda llorar
ni de que entre versos pueda sangrar.
Porque la muerte para mí no existe

apenas recuerdo que me quisiste.
¿Y mi labios qué es lo que sabrán
del querer entre tanto trasegar?
¡Qué desde que te fuiste sigo triste!

Y aún te lloro solo por las noches
Y aún, aún hoy añoro tus besos.
Sigo gritando en silencio tu nombre,

y la empapada almohada mordiendo.
Está chorreando de desamores,
de no volver a decirte: te quiero.


He terminado un pequeño poemario, si alguien me puede explicar como obtener una licencia Creative commons se lo agradecería y subiría al poemario a internet

Un verso en cada lágrima salada

Un verso en cada lágrima salada,
derrama la desgarrada princesa.
Sus ojos sangran en la madrugada,
para regar flores de primavera.
No duerme, llora hasta que la alborada
rompe el cielo, y sus llantos platean.
Supura al viento desolada sangre
mientras que a mí se me llaga la carne.

Alguna vez pensé

Si nunca has sentido la llamada a quitarte de en medio. Si no la conoces te voy a hablar de ella. No es el pensamiento lo peor, lo peor es la sensación que lo motiva, una terrible sensación de desolación, impotencia e inutilidad que inunda todos los pensamientos y sensaciones de tu cuerpo. Cala hasta los huesos y anida en el corazón, al punto de que se convierte en todo tú. Te sientes inútil, que tu vida no vale nada, que no le importas a nadie y que nadie te quiere, que quizás el mundo estaría mejor sin ti. Es entonces cuando te invade el pensamiento de quitarte de en medio, de como lo haría, ay cuantas maneras pensé, de que pasaría. Y concluyes que sobras. No se puede evitar, es algo que te supera y te lleva al más hondo pesimismo. Pero afortunadamente hay alternativas. La primera es derramar esta sensación en tinta, a veces es difícil, pero cuando se logra o te reconforta o termina de matarte, es como llorar cuando no caen las lágrimas. Otra es intentar darle un sentido a tu vida, buscar ser útil, encontrar tu lucha, si tu vida no vale, que tu muerte lo haga por ti; nunca es fácil encontrarla, y menos llevarla a cabo. Claramente lo mejor es pensar en alguien, no alguien que te quiera, basta con alguien a quien quieres hasta el filo de la locura o a la que quieres suficiente, y a quien le sentaría mal tu muerte. Entonces con tal de no hacerla sufrir, abandonas inconscientemente esos pensamientos. A la vez, el amor o el cariño por esa persona te anegan. Qué suerte tiene quien ama. Aún así estoy aquí, no por temer a la muerte, no lo hago, solo temo morir sin hacer nada; tampoco por mi destreza en las letras, aunque algo he aprovechado esta sensación; ¿he llegado aquí por amor? En parte, pero en especial el amor a las personas, unas más que otras, y por el odio hacia el mundo, esta es mi lucha. Porque yo un día me pregunté por qué no me defiendes de los que te atacan. Y aquí estoy con los pies en el suelo buscando que las palabras no se las lleve el viento, que me escuches, y que cambies tu manera de pensar. Debes saber que esta sensación tiene su parte positiva, y está tan arraigada en una persona que sin ella no sería igual. No reiría si no llorara tanto.



Va dedicado con cariño a todo aquel hijo de puta que un día me hizo sufrir o que lo intenta aún hoy.

Pagliacci II

-Ridi pagliaccio
Me enjugo las lágrimas y levanto la cabeza. Es una dama con una mascara veneciana puesta y tendiéndome una con una gran sonrisa, casi grotesca, y es que me encuentro en un baile de mascaras. Un gran salón, música clásica y en mis labios una sonrisa. Está lleno, desde el bufón, ahora queriendo jugar conmigo, hasta Polichinella ya sin puñal.  Me dejo llevar por la música y nos ponemos a bailar. Bailamos hasta que finaliza la música. Cuando todos paran antes de que dé comienzo la siguiente pieza, mi vista se fija en Colombina. Allí, fija mirándome, con una máscara tambien. Me empujan por la espalda y decido lanzarse, no hay miedo. Me quito mi máscara, se la tiro a los pies y con la sonrisa en el rostro me acerco. Y así, con una gran carcajada y un giro, Colombina me desprecia. Por mucho que quiera ser Arlequín, sólo soy Pagliaccio...

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"Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse."

Gabriel Celaya

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Soy un soñador que ve el mundo de otra manera, a través de los oscuros cuentos encantados, las pesadillas surrealistas, sueños de libertad y los poemas que dormitan en lo más profundo de mí. Soy un intento fallido de escritor y una decepción de poeta. Soy rebelde, romántico idealista, hedonista, marxista, melómano, soy tantas cosas... http://miutopiadepapel.blogspot.com/2012/05/entre-delirios.html?spref=bl
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