Dejo el circo
Llover
Tic-Tac agridulce
Canto libertario II A los mineros
Felicidad y egocentrismo
Olor a lloros y a niño chico
Sobre el feminismo
Prometeo de desamor
De frágiles “te quiero”,
llantos amargos por falsos amores,
y de este invierno estoy ebrio.
Rezumando estaban por mil balcones
sus dulces plata besos,
tan solo quedó el trasegar de una noche.
Soy el puto Prometeo,
con la desazón rompiendo corazones.
Ligero corazón
que no hay quien lo ahogue en alcohol.
Borracho de bipolaridad
Te quiero, sí te quiero. Lo digo con la boca grande, sin esconderme, porque es verdad. Y te he querido aún mucho más, o al menos como si lo hubiera hecho, esa era la sensación, porque el querer no compartía espacio con nada más. Porque estaba enamorado, porque estaba tan enamorado que todos tus defectos, los enfados y malas historias quedaban sepultados, incluso llegué a enamorarme de ellos. Estaba realmente enamorado, tanto y se quedó en tan poco, falsos te quieros y poemas rajados. Todavía te sigo queriendo pero ahora quererte comparte sitio con odiar. No me enfado por lo que sientas, eso no se puede controlar. Me enfado porque me mentiste y parecía tan real; porque jugaste conmigo a pesar de que, aunque digas lo contrario, siempre fui bueno contigo; de que prometí mi garganta en tu defensa, promesa que no sé en qué quedará ahora que no quieres nada de mí. Te odio, te odio de una manera que debería darme vergüenza tras amarte tanto, de tal manera que no puedo dormir tranquilo. Te odio y te sigo amando. Y aún así queda sitio para la tristeza por lo perdido; para el arrepentimiento por dejarme llegar; para la decepción por estar tan ciego, por no querer ver; para la añoranza de los te quieros en el oído y los besos que eran una droga, siempre de mono, siempre colocado; sitio para perderme en mí mismo. No sé si hay sitio para la ilusión y la esperanza, si siguen ahí escondidas, atrincheradas tras una barricada de besos, o murieron bombardeadas. Es todo tan confuso que no sé bien qué creer, por qué luchar, pero al menos sé que siento. Esto va a ser mi única guía ahora que no tengo nada, ahora que no quiero que vuelva a suceder lo mismo. Pero no sé que será de mí mañana, no sé cuanto aguantaré, no sé cuando te decidirás a quererme o dejarme, a dejarme tranquilo. A la espera pero en pie, aunque tenga los ojos a la vez tan turbios por la tristeza y el odio y sin embargo tan claros de la esperanza.
13 ilusiones quemadas
Traicionado por mí mismo. Creerte lo que no eres, intentar creer que puedes ser algo más. Pensar que eres inmune, superior. Engañarte a ti mismo, a lo más profundo de tu ser. Violar a tu musa, a tu único amor verdadero, aquel que como nada te da nunca te decepciona, la libertad. Pretender alcanzar la libertad y atarse, aunque me creyera libre. Normal por otro lado cuando te sabe a polvo la boca y ya no puedes llorar más. Pero eso no justifica el haber sido tan gilipollas, el perder la razón y la objetividad. La sensatez y la memoria me las dejé en casa mientras iba a arrullar golondrinas. ¿Y ahora de que me extraño? ¿no lo esperaba acaso? ¡Cómo puedo ser tan iluso! No se puede esperar que nadie te ame cuando no vives para ti, cuando el amor propio fue ajusticiado por orden de la experiencia. Así nunca se es capaz de aprovechar las oportunidades, siempre arruinándolo todo. Es cierto, no se vivir y ser desgraciado es tan solo un cuestión de actitud y sangre fría. Me enamoré de una quimera y me engulló con su boca. Ahora me niego a luchar en defensa de lo que no luché por conseguir, dejaré que el tiempo y el capricho jueguen conmigo intentando aguantar sin romper en lágrimas. Mientras, estoy abriéndome las venas con poemas e ilusiones, y no sin saber para y por qué. Mi corazón como la franja de Gaza, bombardeado, sin más defensa que una desgastada ilusión. La ilusión de que pueden curarse las heridas más hondas, las que no abren cuchillas. La misma triste ilusión que ayer soñaba con acabar con la soledad de mil vidas en una sola noche. He sido un hombre que en soledad buscaba algún rinconcito por donde respirar, pero ya no busco en lunas y los libros, sino en las enseñanzas que alimenta mi sangre y se esconde bajo cicatrices que ya son de otras guerras. No busco porque no sé siquiera que será de mí mañana. Puede que esta noche no duerma de tan borracho que voy, bebí demasiadas ilusiones. Y aquí borracho, cuanto más reflexiono más me doy cuenta de que nunca existió la posibilidad de estar unidos. En el fondo soy yo el bueno y lo peor de todo es que toda esta mierda que me cubre es tan cierta como que estoy llorando sin derramar una puta lágrima. Hoy y ayer, todos los días iguales.
Donde me pierdo para encontrarme
Una inmensa encina. Sigue siendo grande, pero ya no es infinita, alcanzo a ver su copa. Da una sombra fresca en la que podría estar mañanas y tardes enteras sin pensar en nada, aunque también deja pasar los rayos de luz para bañar la cara. Está junto a un pequeño arroyo de aguas claras y lecho sucio en el que meter los pies es una delicia y no cesa el borboteo como una nana. Quizás no es el sitio más bonito o el más limpio, quizás sea más bien cutre, pero allí me he dejado gran parte de mi vida. Mis tardes de paseo durante la infancia a ver el tren soñando viajar como él, hasta donde la vista se pierde en el horizonte, pensando que allí estaba mi sitio, era feliz y a nadie daba pena. Mis mañanas adolescentes, en las que aún con el sol escondido, íbamos con la bicicleta para hacer deporte que decía, aunque en realidad era para reírme hasta que me dolía la barriga, y a veces pelear también, con mi mejor amigo. La mejor manera de empezar el día y poder sentirme feliz. Y esas mañanas de verano siguen, pero comparten el sitio con paseos en los que yo solo voy para aclarar mis ideas, para hundirme, para salir a flote, para inspirarme, para sobrevivir, cada paseo una aventura sin saber que será de mí.
Me encanta esa encina. Quería ser una rama y dormirme con el viento meciéndome, sin preocupaciones más que ver un tren pasar. Allí nacieron todas mis ganas de vivir, mis planes para acabar conmigo mismo, mis ansias de romper con el mundo y mis cojones para seguir adelante. Hoy volví a ser feliz allí.
Canto libertario I Que se levanten los revolucionarios
Que se levante el proletariado.
¡Arriba los pobres, los olvidados!
¡Que sólo quiero paz!
La paz para los hombres,
para los de piel del color la tierra.
Los que siguen muriendo explotados,
los que hoy se quiebran el costado,
desde que sale el sol
hasta que se les caen los parpados.
Los obreros de fábricas,
jornaleros del campo,
los borrachos poetas
y locos guerrilleros soñadores
esos son mis hermanos.
Los que de mundo son enamorados,
así empuñan un arma
por no vivir más como un esclavo,
para lavar son sangre
el tan sucio pasado.
Yo aún sigo soñando
que el mulo cansado de los arados
mataba a su patrón.
Soñando con hombres sin clases sociales,
soñando un olvidado futuro,
que estuvo al alcance de la mano
Soñando que gigantes se caían,
desde sus nidos de seda en las copas
Metralla brama cerca del horizonte,
donde aún seguimos en lucha.
Siempre estamos soñando
¿Tendría que demostrar que me merezco el pseudonimo, no?Ya era hora de desempolvar la internacional un alzar el puño del papel al cielo.
A tu boquita
-Que no escapo
porque no puedo,
porque tengo el corazón prendido,
estoy enamorado,
de tus ojitos caramelo.
Déjame princesa
Déjame alzar vuelo
-¿A dónde irás tú tan presto
si cielo eres prisionero
y prisionero de tus sueños
en donde nunca pisaste suelo?
-Iré a andar, a buscar caminos,
a abrir veredas
por el mundo yermo.
Que nada temo,
no temo a lo incierto
si voy a mi hogar,
si voy ebrio.
Ebrio de buscarte,
de escribirte versos.
Borrachito de rabietas
-¿Y que buscas con esto?
¿Acaso no vives contento?
Vivo, que no vivo
si me faltan tus besos.
Vivo porque espero
espero lo que no consigo.
Buscaré un mundo de corderos,
que mi mundo está ya viejo.
Y es que mi mundo empieza y acaba donde tú estás,
donde escapo al tiempo.
Y es que aún somos pequeños.
Buscando una bocanada de aire,
eres todo mi aliento...
¿A dónde vas?
No voy a ningún lado, aún. Pero sí es verdad que me estoy buscando. No busco cambiar, espero que mientras vaya por la carretera, me encuentre a mí mismo para darle sentido a todo. Allí, plantado en el arcén. Algo más alto, más fuerte y más guapo de lo que soy ahora. Con bucles castaños cayéndome por la cara, y con una sonrisa asomando entre la barba. Llevando una mochila llena de recuerdos de mil sitios, y una guitarra. Bajo el brazo dos libros, uno de buena poesía con mi firma, y un manual de guerrilla. Allí, feliz, decidido, alguien, además, otra vez inocente, como cuando era aquel risueño niño. Y está hecho porque ha viajado, viene de mis más dulces sueños, de mis más horribles pesadilla, de llorar, y de reír.Y mientras que me encuentro, aprendo, hago camino. Me doy cuenta de lo pasa y le doy la vuelta a todo para que me sonría, para no preocuparme más por nada. Que el viento no viene en mi contra, viene a mi encuentro. No se pone el sol, sino el cielo se tinta rojo por ti, por mí y para que mañana salga el sol. Las cosas más pequeñas te devuelven la fuerza. Con doble ración de huevos y corazón.
Monotonía
Pasan los días y sigo aburrido. Siempre el mismo sentimiento, desolación, inferioridad, apatía, tristeza, siempre lo mismo. No sé bien lo que es, pero nada me llena aunque la verdad es que no hago nada bien. No sé hacer nada, no sé cantar, no se tocar un instrumento, no sé bailar, ni siquiera hablo bien como los que te dejan sin palabra cuando hablan como si te las robaran a tí, y mucho menos sé escribir. Por más que lo intento, nada. Eso de que si se le ponen ganas y trabajo salen las cosas es mentira, al menos para mí. Y luego la rutina. Me asfixio en los días. Siempre las mismas caras, los mismos sitios, las mismas cosas. Toda la semana cargada de trabajo hasta altas horas, cargada de aburrimiento y monotonía que no trae nada nuevo. Y luego, el fin de semana, si es que existe por culpa de las semanas de 14, de 21 días, es igual. Cambia a veces el lugar pero siempre es lo mismo, el mismo sentimiento, no aporta nada. Lo paso bien, es cierto, pero apenas acaba, cuando llego a casa, sigo igual. Nada nuevo nunca. Y me pregunto qué hago, pero tampoco puedo escapar, temo arrepentirme, aunque esto a lo que más se parece es a un arrepentimiento de como vivo que a otra cosa. No está siendo un nuevo propósito.
Y así son todos los días, idénticos... dejando pasar las horas sin poderlas vivir, explotándolas y malvendiéndolas a futuros inciertos. Vuelvo a casa cada tarde mintiéndome y prometiendo que mañana voy a empezar a ponerme serio, que voy a vivir. No sé si es que me hago viejo, que aun no he madurado o que de verdad algo no marcha... y a quién voy a engañar, seguiré sentado esperando algo, un cambio, una oportunidad... tarde o temprano me tiene que tocar a mí.
Recuerdos
Nada hay de lo que arrepentirse,
ni de que en besos se pueda llorar
ni de que entre versos pueda sangrar.
Porque la muerte para mí no existe
apenas recuerdo que me quisiste.
¿Y mi labios qué es lo que sabrán
del querer entre tanto trasegar?
¡Qué desde que te fuiste sigo triste!
Y aún te lloro solo por las noches
Y aún, aún hoy añoro tus besos.
Sigo gritando en silencio tu nombre,
y la empapada almohada mordiendo.
Está chorreando de desamores,
de no volver a decirte: te quiero.
He terminado un pequeño poemario, si alguien me puede explicar como obtener una licencia Creative commons se lo agradecería y subiría al poemario a internet
Un verso en cada lágrima salada
Un verso en cada lágrima salada,
derrama la desgarrada princesa.
Sus ojos sangran en la madrugada,
para regar flores de primavera.
No duerme, llora hasta que la alborada
rompe el cielo, y sus llantos platean.
Supura al viento desolada sangre
mientras que a mí se me llaga la carne.
Alguna vez pensé
Si nunca has sentido la llamada a quitarte de en medio. Si no la conoces te voy a hablar de ella. No es el pensamiento lo peor, lo peor es la sensación que lo motiva, una terrible sensación de desolación, impotencia e inutilidad que inunda todos los pensamientos y sensaciones de tu cuerpo. Cala hasta los huesos y anida en el corazón, al punto de que se convierte en todo tú. Te sientes inútil, que tu vida no vale nada, que no le importas a nadie y que nadie te quiere, que quizás el mundo estaría mejor sin ti. Es entonces cuando te invade el pensamiento de quitarte de en medio, de como lo haría, ay cuantas maneras pensé, de que pasaría. Y concluyes que sobras. No se puede evitar, es algo que te supera y te lleva al más hondo pesimismo. Pero afortunadamente hay alternativas. La primera es derramar esta sensación en tinta, a veces es difícil, pero cuando se logra o te reconforta o termina de matarte, es como llorar cuando no caen las lágrimas. Otra es intentar darle un sentido a tu vida, buscar ser útil, encontrar tu lucha, si tu vida no vale, que tu muerte lo haga por ti; nunca es fácil encontrarla, y menos llevarla a cabo. Claramente lo mejor es pensar en alguien, no alguien que te quiera, basta con alguien a quien quieres hasta el filo de la locura o a la que quieres suficiente, y a quien le sentaría mal tu muerte. Entonces con tal de no hacerla sufrir, abandonas inconscientemente esos pensamientos. A la vez, el amor o el cariño por esa persona te anegan. Qué suerte tiene quien ama. Aún así estoy aquí, no por temer a la muerte, no lo hago, solo temo morir sin hacer nada; tampoco por mi destreza en las letras, aunque algo he aprovechado esta sensación; ¿he llegado aquí por amor? En parte, pero en especial el amor a las personas, unas más que otras, y por el odio hacia el mundo, esta es mi lucha. Porque yo un día me pregunté por qué no me defiendes de los que te atacan. Y aquí estoy con los pies en el suelo buscando que las palabras no se las lleve el viento, que me escuches, y que cambies tu manera de pensar. Debes saber que esta sensación tiene su parte positiva, y está tan arraigada en una persona que sin ella no sería igual. No reiría si no llorara tanto.
Va dedicado con cariño a todo aquel hijo de puta que un día me hizo sufrir o que lo intenta aún hoy.
Pagliacci II












