Olor a lloros y a niño chico. Qué lejos llega el ayer, no se
va el cabrón. Tengo ganas de emborracharme. Nada de embriagarme de fiesta, no
hay fiesta, no hay nada que celebrar. Lo que más deseo ahora es hincharme a whiskys
hasta no saber siquiera quien soy, emborracharme, ser poeta quizás por última
vez antes de que no sienta ya nada. Tan solo siento vacío, me aburro, cansancio.
Estoy hasta los huevos de todo, ya me paso todo por los huevos. Me la sopla el
mundo, me la sopla los sentimientos, me la sopla todo. Ando harto de este
eterno nublado de quebrantos, harto de andar roto y no poder llorar. Casado de
leer, cansado de escribir. No me interesa saber cómo veían los poetas el mundo,
no me apetece escribir más. Y es que no tengo ni ganas ni nada que escribir. Y
es que ni siquiera sé si me gusta escribir, sólo sé que no sé hacerlo. Quizás
tan solo buscaba que alguien me escuchara, que no se perdieran mis llamadas de
auxilio, auto-convencerme de que quizás sabía hacer algo, no narrar, no emocionar,
es saber que es lo que siento. Y nunca lo supe, siempre tarde fui. Todo fue una
mentira, estoy harto de escribir. Calladme la boca antes de que esto se torne
una seria demencia y sea incapaz de darme cuenta que no soy un poeta, antes de
que la poesía acabe conmigo. Tan sólo golpes, le entregué todo lo que sentía, y
solo me golpeó, nunca me llevó arriba, sólo me hundió. Y por ello llegué a
creer que eran las personas quienes te ayudaban a subir. Mentira. Mundo egoísta
que enseña que el único camino para subsistir es ser igual de egoísta que el
resto, ser uno más.
¿De dónde vinieron? ¿A dónde se fueron los sueños? ¿A dónde
se los llevaron? ¿Por qué me los arrebataron? Tantos sueños sin cumplir.
¡Devolvérmelos¡ porque no sé vivir sin ellos, no sé ser uno más. Lo intenté y
era uno menos. Os lo repito, traédmelos. Traedme mis sueños dormidos en un
whisky. Que al derpertar estén acurrucaditos en el fondo me mi corazón de
nuevo.


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