Te quiero, sí te quiero. Lo digo con la boca grande, sin esconderme, porque es verdad. Y te he querido aún mucho más, o al menos como si lo hubiera hecho, esa era la sensación, porque el querer no compartía espacio con nada más. Porque estaba enamorado, porque estaba tan enamorado que todos tus defectos, los enfados y malas historias quedaban sepultados, incluso llegué a enamorarme de ellos. Estaba realmente enamorado, tanto y se quedó en tan poco, falsos te quieros y poemas rajados. Todavía te sigo queriendo pero ahora quererte comparte sitio con odiar. No me enfado por lo que sientas, eso no se puede controlar. Me enfado porque me mentiste y parecía tan real; porque jugaste conmigo a pesar de que, aunque digas lo contrario, siempre fui bueno contigo; de que prometí mi garganta en tu defensa, promesa que no sé en qué quedará ahora que no quieres nada de mí. Te odio, te odio de una manera que debería darme vergüenza tras amarte tanto, de tal manera que no puedo dormir tranquilo. Te odio y te sigo amando. Y aún así queda sitio para la tristeza por lo perdido; para el arrepentimiento por dejarme llegar; para la decepción por estar tan ciego, por no querer ver; para la añoranza de los te quieros en el oído y los besos que eran una droga, siempre de mono, siempre colocado; sitio para perderme en mí mismo. No sé si hay sitio para la ilusión y la esperanza, si siguen ahí escondidas, atrincheradas tras una barricada de besos, o murieron bombardeadas. Es todo tan confuso que no sé bien qué creer, por qué luchar, pero al menos sé que siento. Esto va a ser mi única guía ahora que no tengo nada, ahora que no quiero que vuelva a suceder lo mismo. Pero no sé que será de mí mañana, no sé cuanto aguantaré, no sé cuando te decidirás a quererme o dejarme, a dejarme tranquilo. A la espera pero en pie, aunque tenga los ojos a la vez tan turbios por la tristeza y el odio y sin embargo tan claros de la esperanza.
Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

0 gritos contra esto:
Publicar un comentario