Una inmensa encina. Sigue siendo grande, pero ya no es infinita, alcanzo a ver su copa. Da una sombra fresca en la que podría estar mañanas y tardes enteras sin pensar en nada, aunque también deja pasar los rayos de luz para bañar la cara. Está junto a un pequeño arroyo de aguas claras y lecho sucio en el que meter los pies es una delicia y no cesa el borboteo como una nana. Quizás no es el sitio más bonito o el más limpio, quizás sea más bien cutre, pero allí me he dejado gran parte de mi vida. Mis tardes de paseo durante la infancia a ver el tren soñando viajar como él, hasta donde la vista se pierde en el horizonte, pensando que allí estaba mi sitio, era feliz y a nadie daba pena. Mis mañanas adolescentes, en las que aún con el sol escondido, íbamos con la bicicleta para hacer deporte que decía, aunque en realidad era para reírme hasta que me dolía la barriga, y a veces pelear también, con mi mejor amigo. La mejor manera de empezar el día y poder sentirme feliz. Y esas mañanas de verano siguen, pero comparten el sitio con paseos en los que yo solo voy para aclarar mis ideas, para hundirme, para salir a flote, para inspirarme, para sobrevivir, cada paseo una aventura sin saber que será de mí.
Me encanta esa encina. Quería ser una rama y dormirme con el viento meciéndome, sin preocupaciones más que ver un tren pasar. Allí nacieron todas mis ganas de vivir, mis planes para acabar conmigo mismo, mis ansias de romper con el mundo y mis cojones para seguir adelante. Hoy volví a ser feliz allí.
Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.
Donde me pierdo para encontrarme
Escrito por
Insurrecto16
domingo, 25 de marzo de 2012


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