Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

Manifiesto

¡Qué arda el mundo! Me  he cansado, vuelvo. Voy a matar al cisne, lo voy a estrangular. Voy a quemarle las alas a las mariposas para que no vuelvan a burlarse de mí. Voy a seguir, sigo en lucha todavía. Calló Dios, calló el amor. Encierro las paranoias en un cajón, en papel. Ya no me atacará más, la maté. Me sentía frustrado, engañado, secuestrado…por mí. Pero hoy he roto las cadenas, me he vuelto a enamorar… de la libertad. Hoy vuelvo a cantarle. Hoy ha vuelto la mirada fría, concienciada y esperanzada. Bajo de las estrellas, de los sueños para volver a lo mundano, para alzar la voz, para escuchar el eco. Hoy vuelve el insurrecto.

Somos legión. Fuego

Las llamas lo consumen todo con su danza incesante, siempre distinta, formando formas que se desvanecen con la facilidad con la que destruyen todo a su paso; al ritmo de sus chisporroteos acompañado de llantos, gritos, y ese sonoro silencio de cuando todo está acallado. El humo mancha el cielo estrellado y arrastra con él chispas que brillan jugueteando en el aire como luciérnagas hasta inevitablemente morir lenta, dulcemente como delicados seres vivos a las que les llega su momento. Dantesco, horrendo, magnifico espectáculo aleccionador del ego humano, que convierte a los hombres en engreídos seres que se proclaman a sí mismos superiores al resto, estúpidos. Son incapaces de darse cuenta de que el hombre está tan condenado a la libertad como a la igualdad, pero ellos solo aprenden quizás instantes antes de apagarse igual que las chispas cuando su vida ha transcurrido ya y ahora pasa antes sus ojos. Quizás necesitan morir para ver porque no han necesitado aprender a mirar y no se han preocupado de aprender a ver, necios. Pero nosotros somos capaces de ver, a pesar de todos los intentos por cegarnos, y por ello ahora estamos viendo el fuego reducir el mundo a ruinas, su viejo e hipócrita mundo. Estaba pleno de injusticia y dolor que lo ha llevado a ser renovado mediante el fuego por los mismos que lo defendían. Y cuando salga el sol heredaremos un montón de ruinas. Suficiente para llevar a él el mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones, un mundo sin gobierno, gobernado solo por la justicia; sin reyes, donde reina la libertad; donde nada dirige a los hombres, solo la fraternidad. Este mundo vibra en mi interior, haciendo cosquillas en el estomago que viajan hasta las mejillas dibujando una sonrisa en mis labios. Miro a mi alrededor, la ciudad está rodeada por una marea de hombres, mujeres y niños, todos con máscaras de Guy y algunos con banderas tanto negra como rojas o de ambos colores, da igual hoy late el mismo corazón, y lo hace al ritmo del fuego. En el suelo resplandecen cientos de armas propias o ajenas manchadas de sangre, sudor y barro. Desde los restos del puente caen cuerpos inocentes al vacío hacia sumergirse en el río con la esperanza de salvarse. También desde las almenas y las calles en espiral que se alzaban hoy aún más majestuosas si era posible por el salvaje fuego que ya había calcinado la vegetación que cubría la cuidad. La impotencia me venía a momentos como arcadas a cada grito de dolor que escuchaba, solo se atenuaban al pensar que ya antes de morir ya habían sido vengados. Me retiré a armar la tienda, ya había tenido un espectáculo bastante horrendo hoy.

Azar

¿Qué es el azar? Una ilusión,
una falacia, una ficción.
Es la excusa del que teme a sí mismo,
y al mundo como a un abismo,
de quien fracasa, del conformista,
de quien no sueña con ser artista.
Es la suerte, ese duende que vaga
recompensando según le viene en gana
y castigando con adversidad
cual vengativa deidad.
Es la casualidad, dice el que sigue vivo,
continúa con, es algo que ocurre sin motivo,
y yo le replico nada ocurre porque sí.
Pero dudo con, ¿O tal vez sí?
Da igual es así, reitera,
y entre dudas se nos pasa la vida entera.
La suerte es arena, consigue escapar
de entre mis dedos si la intento atrapar
Ojala se pudiera encarnar
y así pudiera cazar al azar,
tener un poquito de suerte,
para evitar a la muerte,
para encontrar mi luna
que cuenta las estrellas una a una
mientras espera que aparezca
cuando todavía está despierta.
La suerte no la vemos
comentan los memos
que aún la esperan como árboles
pisando las lindas flores
que trae la primavera,
privando la noche entera.
La casualidad ataca
con vidas y almas acaba
Pero ya nada me puede herir,
en esta vida no soy más que un arlequín.



La verdad es que era un texto para un concurso cuyo tema era el azar y al final salió esto. La verdad es que me alegro, aunque tenga que escribir otro texto para el concurso, porque últimamente me costaba escribir poesía. Pero como casi siempre, lo acabaré cambiando. :)

Cuando no puedo dormir

Los ojos se me entrecierran, me escuecen de forzarlos. Esta noche la luna no alumbra como otras. La espalda de ve vencida al cansancio y mantiene un balanceo incesante y monótono al que también se le une la cabeza. La mano desfallece y deja caer la pluma manchando el papel hasta ahora intacto destinado a albergar la obra finalizada que se resiste por la falta de ideas. En el escritorio un tintero repleto de oscura tinta que hoy no cobra vida; los restos de una vela ya consumida por el paso de Kayros por mi habitación; unas hojas repletas de bosquejos, frases, ideas y vacíos que no ayuda a la yerma obra, y una ya agotada botella de absenta. Y la habitación se reduce a una solitaria y vacía oscuridad exenta únicamente por el arcón colmado de libros, viejas historias y algún sayón sucio de alcohol, sangre, sudor y cieno de desventuras vividas lejos del papel, y la cama donde yacía ebrio las noches en las que no llegaban las ideas, negándose así el escribir y no tenía un libro donde refugiarse del mundo. Por la ventana no entra luz y solo se aprecia una quebrada línea que divide la oscuro y al tiempo luminoso cielo nocturno en el que destacan hoy algunas estrellas poco visibles por la neblina que cubre el cielo esta noche ocultando temporalmente la luna; de la penumbra de las sombras de los edificios que parecían como un insulto a la naturaleza. Parpadeo por la fatiga y al breve espabila que provoca soy consciente de que hoy será mejor darse por vencido e intentar dormir un poco antes de que el sol despunte entre los tejados, y tener que levantarme para ir la mercado a escribir repetitivas y aburridas cartas. Me pongo en pie difícilmente a causa del alcohol, coloco la silla bajo la mesa y me vuelvo hacia la cama. Entonces con los ojos aún intentando acostumbrarse a la oscuridad total vislumbro que alguien está de pie junto a la cama. Con las pupilas ya dilatadas miro su rostro, es conocido, es mi rostro pero no soy yo o eso creo. Se aproxima a mí, en la mano derecha lleva una pluma que resplandece en su punta. La alza y rasga mi ropa gracias la punta metálica y afilada que lleva. No sé que hacer, me mantengo firmen y expectante a ver que hace mientras mi corazón se dispara. Comienza a escribir en mi pecho, es mi letra pero parece escrito en otra lengua. No cesa y la sangre comienza a brotar de las llagas hasta caer al suelo pero no siento dolor. En cambio su mano se va tornando más arrugada y observo su rostro, es un anciano. Ya la mano parece comenzar a descomponerse y para de escribir. Resbala la pluma de su mano y cae en el oscuro charco de sangre.  Alza la cabeza, me mira a los ojos desde sus cuencas vacías. Abre la boca y de ella salen solo dos palabras, Tempos fugit. De repente cae al suelo y se vuelve polvo y ceniza que se pierde cual si el viento soplara dentro de la habitación. Me giro aún sorprendido por aquello y veo a un cuervo negro de refulgentes ojos rojos  en el alfeizar. Entonces con un rápido movimiento tan ágil y silencioso como una sombra, clava las zarpas en mis ojos. No puedo quitármelo de encima y no para mientras la sangre salpica en el suelo y su sonido es ahogado por los gritos que salen de mi boca. Mis piernas pierden la fuerza y me desplomo en el suelo El dolor se vuelve insufrible, inhumano y salvaje, y entonces cuando creo que ya no soportaré más, para. Con un suave, grácil y elegante aleteo sale por la ventana perdiéndose en la noche. Lenta y dificultosamente me repongo del dolor que tiende a desaparecer con el tiempo y me pongo en pie. La sangre ha empapado mi ropa. Toco mi rostro ya que insólitamente veo bien, esta intacto. El silencio inunda todo. Un silencio solo roto por mis pensamientos, mi respiración y el latir acelerado del corazón. Miro hacia todos lados buscando algo que aún no sé que es, la habitación está intacta. Ya no hay sangre. Parpadeo incrédulo, cuando de repente de la más negra oscuridad aparece una muchacha. Es ella, mi musa. De la Stola saca un plateado puñal con una empuñadora dorada. Para cuando me doy cuenta está clavado en mi corazón que se para lentamente mientras la sangre fluye por la hoja que se torna oscura. Mi cuerpo se desploma, oigo la sangre salpicar lentamente en el suelo mientras la mirada se nubla poco a poco. Cierro los ojos antes de una última visión del mundo mientras siento mi alma escapar pesadamente de mi cuerpo como si mi corazón se aferrase aún a la vida como un loco a su delirio. Abro los ojos, veo la botella de whisky que refleja la luz del sol hacia mis ojos. Me incorporo. Otra vez la lucidez se ha aliado con la embriaguez para hacerme sufrir. No me queda nada más que resignarme en la mala vida que llevo o intentar perderla, pero estoy tan falto de valentía hacia la vida como hacia la muerte.
El sueño de la razón produce monstruos. El sueño del espíritu produce tu sombra. El sueño del corazón produce miedos.

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Todas las camas están heridas

Insurrectos

"Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse."

Gabriel Celaya

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Soy un soñador que ve el mundo de otra manera, a través de los oscuros cuentos encantados, las pesadillas surrealistas, sueños de libertad y los poemas que dormitan en lo más profundo de mí. Soy un intento fallido de escritor y una decepción de poeta. Soy rebelde, romántico idealista, hedonista, marxista, melómano, soy tantas cosas... http://miutopiadepapel.blogspot.com/2012/05/entre-delirios.html?spref=bl
¡ay! del que intenta conquistar la luna entera con algún verso de mierda
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