Si existen cosas que me airan, una, sin duda, es que intenten engañarme, que me traten como estúpido, como inútil, como si fuera un niño pequeño. Eso desata mi ira, no lo puedo controlar. Creo que denigra mi persona. Respecto a la ira, no la intentes reprimir, si no lo hago yo, es porque no puedo. Además forma parte de mi ser, las partes negativas de mi personalidad son tan mías como las positiva, e igual que puede ser destructiva y dañina, puedo canalizarla, usarla para enlazar palabras, para salir a la calle y luchar o disfrutar la sangre ardiente en las sienes con los nudillos doloridos de apretar. Intentando doblegarme solo la acentúas, intentas poner trabas a un alma que ve sus cadenas y aunque no puede librarse de ellas, no va a permitir que la encadenen más. La única manera que librarme de la ira es reflexionar mientras doy un paseo, dejando que la brisa o el sol acaricien mi piel, guerreando con mis entrañas. Déjame partir cuando lo desee, no temas, no he amado suficiente esta vida para menospreciarla. Mi lengua está afilada y no tiene cadenas, pero no sabe lo que hace, así que sécate las lágrimas y sonríe cuando me veas irme porque regresaré mejorado, sereno, pausado, lúcido. Porque la ira te ciega y te hace desdibujar los rostros y los recuerdos, y la única barrera a esto es la soledad al igual que para una mente es ella misma. Sí, y es que de repente ves las bellotas en el suelo y no te da igual mancharte más de barro.

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