Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

Tic-Tac agridulce


El reloj, un lento retumbar de jajas recuerdo y tormento de una derrota. Por perdedor, por orgulloso, por fracasar. Y es que me dejé caer, me dejé llevar, me dejé triunfar. Fuimos a encontrarnos, en silencio, habíamos dejado la puerta abierta, como suele ocurrir en las casas donde han ocurrido desastres. No mediamos palabra, tan sólo nos entregamos, y no sé si por suerte o por desgracia, no a los sentimientos. Nos arrojamos a la pasión de desquitarnos, a odiarnos mientras nos besábamos a ver a quien le dolían más a la mañana siguiente los besos. Resaca de bocados, dulce y amarga.
Me miento a cada hora, cada día, cada suspiro es mentira. Sumergido en este aroma, como un lucero manchando un cielo claro salpicado de estrellas, perdido, te he buscado. Como el gotear de la noche, suave, me he enamorado. Como el morir de la oscuridad con cada dentellada en el renacer del día para que se bañe la luna en el sol, apasionado, así, así te he querido. Fuerza, raza, pasión y dolor. Y hoy, nada. Quiero olvidar. Créeme que lo intento. Lo he prometido tantas y tantas veces que ya ha perdido todo el valor, palabras vacías. Del te amo al te odio, del bésame al no quiero saber más de ti, todo para acabar recayendo en ti. Veme fracasar. He ahí la belleza de la derrota, en el dulce olor que queda de quemar las promesas.
Aquí quedo en pie, soldadito de azúcar y sal anegado por una lluvia de lágrimas. Ando cansado de la monotonía, la periodicidad, del volteo del reloj y de la incansable arena que inunda cada grito para dejarlo en nada. De esta eterna nada ando cansado, hasta de ver pasar el tiempo. Quién pudiera detenerlo y castigarlo por andar siempre embriagado. Puto desvariar de las horas, maldito desliar de la noche. Vayámonos de este ruido. Ya me pateé estos lares. No quiero saber más de este sucio cenagal de barro durmiente en las lagunas de las que evaporaron tus recuerdos. Me estoy ahogando y no sé cómo. Ni sé escapar, ni sé salir, tan sólo nadar, enfrentarme al mar, y me falta valor. No soy capaz de lanzarme contra él, echar a nadar y que sea lo que algún Dios traidor quiera. Me planto frente al mar, cada mañana, cada atardecer. Espero que un ola te traiga hacia mí, o que traiga tan solo tu imagen, o un susurro tuyo, algo. Te espero envela frente al mar, sobre la arena, pero no me atrevo a nadar. Es el miedo, que está clavado en mi alma. Miedo al camino, al futuro y al pasado. Es miedo a la nada. Miedo a que como ayer seamos nada, al caer y caer sobre nada. Y la nada me asfixia, la nada que resta que es lo que queda de mí. Soy nada.
En algún momento creí en el amor con toda mi alma. Y perdí. Pero vos me disteis la fuerza para renunciar a todo en lo que creí, las mentiras, esa falsa esperanza de encontrar el amor, los cruces de miradas, todo, que era nada. Y murió una parte de mí en el proceso. No hay más, Aquí estoy, mutilado, herido por cien mil versos, esperando frente al mar, sin valor para arrojarme. Y ahora siendo nada, me dejo caer otra vez en esa ilusión que no pertenece a realidad y no existe más que en el cielo brumoso de la fantasía, sombras de nada. Necesito saber que algo va a cambiar. Nada enamorada, nada hecha de nada que nada busca, que nada quiere.
Maldigo a Apolo por inventar que existe el amor, por hacernos creer todo esto, hacernos esclavos de una ilusión que nos tortura y nos derrama en versos inútiles, por hacernos presos de su locura. Y Dafne, ay! Dafne...

Canto libertario II A los mineros


La mina es frío y dolor
roncando en la oscuridad.
Es a trabajo y a sudor,
a lo que la mina huele.
Es la única canción
el tañido de suspiros.
La mina es orgullo y valor,
muerte entre dulces sueños,
sueños tiznados de carbón
¡Ay! Lágrimas en la mina
cuán manchadas de tizón.

Mineros en están lucha,
mineros que alzan la voz,
mineros de sucias caras,
mineros de corazón.
Sólo mineros en lucha
luchando por el carbón
para que coman sus hijos
por un mañana mejor.
La rabia arde en barricadas
quemando el miedo y el temor,
van cargados de coraje,
el llanto en la mina quedó.
La lucha aún continua.

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Todas las camas están heridas

Insurrectos

"Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse."

Gabriel Celaya

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Soy un soñador que ve el mundo de otra manera, a través de los oscuros cuentos encantados, las pesadillas surrealistas, sueños de libertad y los poemas que dormitan en lo más profundo de mí. Soy un intento fallido de escritor y una decepción de poeta. Soy rebelde, romántico idealista, hedonista, marxista, melómano, soy tantas cosas... http://miutopiadepapel.blogspot.com/2012/05/entre-delirios.html?spref=bl
¡ay! del que intenta conquistar la luna entera con algún verso de mierda
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