Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

...


Abro los ojos y parpadeo para que mis ojos se acostumbren a la penumbra. Distingo un pozo y me aproximo. No sé dónde estoy, no se qué hago, no sé quién soy. Mis piernas pierden la fuerza, me atrae, el pozo se vuelve el centro de mi atención. Entonces como si no fuera dueño de mi cuerpo este se lanza al vacío. Caigo lentamente como si el tiempo jugara a detenerse a placer. Mientras caigo oigo el retumbar del  agua caer y una voz al fondo que dice Oh dear! Oh dear! I shall be too late!”. Aterrizo despacio en el suelo. A lo lejos veo una reluciente cascada perdida en toda la sombra que rodea al sitio y me dirijo hasta allí. Las gotas de agua ascienden violentamente por una pared de la roca desde una pequeña charca en la que fuente de piedra volcaba sus agua cristalinas. Acerco mi mano al agua y se aparta, es imposible tocarla, pero deja al descubierto que hay una cueva tras la cascada y sin pensarlo me adentro en ella. Cruzo el hueco de la pared y aparezco en…más oscuridad, pero aquí distingo un arpa doradas que brilla con luz propia y me dirijo a tocarlo. Mis dedos se mueven solos como los de una marioneta, acariciando las suaves cuerdas del arpa son la gracilidad del vuelo de una mariposa. Giro la cabeza y encuentro un Inmenso reloj de arena que como todas las cosas de aquí también luce, donde antes solo había vacío. Toco en cristal dentro del cual los granos de arena caen suavemente como pétalos flotando en el aire, y se amontonan abajo titilando como estrellas pequeñas y nerviosas, ¿nacerían aquí? Entonces el cristal se resquebraja y la arena comienza a salir inundándolo todo. Sale y sale hasta que me cubre y llega a cada rincón de mi cuerpo asfixiándome y oprimiendo mi pecho hasta de dejo de respirar, cierro los ojos y silencio.
Abro los ojos por segunda vez y no veo nada, solo oscuridad. Mis pupilas se dilatan para acostumbrarse a la oscuridad y miro ahora mis manos, lucen. Mi piel esta iluminada por una tenue luz que me envuelve. Todo lo demás está oscuro. Me incorporo, el suelo es duro, frío e incomodo, como ajeno a mí, este no es mi sitio. Alzo la vista y distingo una luz a lo lejos. Se acerca. Es una chica, una chica joven vestida con una Stola que deja al descubierto el hombro derecho y parte del pecho; y en su rostro una barroca máscara blanca y dorada que permite ver su belleza pero no conocerlo. Ya está bastante cerca como para poder distinguirla. Tú, eres tú.
Tus cabellos ondulados y resplandecientes
Tus mejillas rosadas y calientes
Tus labios húmedos y sedientes
Tus ojos cercanos y ausentes
Te veo, me ves, nos veíamos
Te miro, me miras, nos mirábamos
Te acercas, me acerco, nos acercábamos
Te encuentro, me encuentras, nos encontrábamos
Contigo
Te acaricio, me acaricias, nos acariciábamos
Te muerdo, me muerdes, nos mordíamos
Te corto, me cortas, nos cortábamos
Te beso, me besas, nos besábamos
Nosotros
La sangre brotaba de mi labio y discurría por mi cara hasta alcanzar la barbilla para desde ahí caer perdiéndose en la oscuridad y el olvido en forma de gota oscura que refleja la luz de nuestros cuerpo y que se acaba estampando pausada, dulce e inevitablemente contra el suelo igual que lo hacen los copos de nieve. Comienzas a lamerla lenta y sensualmente creando en mí el impulso de morder tu lindo cuello percibiendo tu acelerada respiración tras mi oreja mientras dejo que mi corazón se desboque libre y salvajemente, y mis colmillos se hundan en tu piel hasta que tu sangre intentando escapar chorree por tu cuerpo manchando la túnica con un color carmesí. Tus movimientos se vuelven cada vez más y más rápidos hasta conseguir que mis piernas pierdan la energía y caer al piso. Una vez en el suelo mis sentimientos toman el control en mí. Entre beso y beso intento quitarte la máscara para poder saber quien eres. Entonces sin poder siquiera separarme de tus labios y abrir los ojos, todo comienza a sacudirse y una campana tañe mientras el sol aparece por el horizonte. Te miro, ceniza, una túnica y una máscara. Cierro y froto los ojos ante la incredulidad ya que te tenía tan cerca y estas tan lejos. Cuando los abro veo que una rama golpea el cristal de mi ventana movida por el viento de otra fría mañana que comienza a despuntar haciendo que el sol penetre iluminando con su calida luz mi habitación en la que estoy otra vez solo.
Sin ti.


Esto es un relato un poco surrealista, algo romántico (romántico de verdad, tipo Poe nada de Crepúsculo), y algo nosé llámalo como quieras. Lo escribí una madrugada de insomnio de una noche calurosa de verano en la que no podía dormir bien, y los sueños se entremezclaban con fantasías y sueños de otro tiempo ya olvidados. Por esto no tiene gran mensaje pero si tiene guiños a Alicia en el país de las maravillas, Narnia, Poe, o de fantásticos sitios como la fuente de la eterna juventud que no se puede alcanzar, donde nacen las estrellas y el tiempo o la música. Pero no le busquéis gran sentido, solo son pesadillas y sueños ordenados y decorados. En cuanto a la chica es una especie de musa que aparece en mis sueños y por las mañanas no soy capaz de recordar su cara y su cuerpo, por eso uso la Stola y la máscara para esconderla. Respecto al titulo lo dejo en blanco porque no se me ocurre nada que no desvele parte de la historia, he pensado en "Sueño de una noche de verano", "Tú", etc., dadme ideas en los comentarios

Octubre del 37


Eran seis los camaradas que le acompañaban. Hombres y mujeres enfrentados a mentes deformes presas de una condición, la condición de odiar y querer acallar toda voz que se alzara en busca de paz, justicia y libertad. Eran siete hombres luchadores; hombres y mujeres corrientes, padres, madres, hijos, vecinos, amigos…; hombres con sentimientos, de amor y de odio, de tristeza y de felicidad, de miedo o valentía; hombres que habían sacrificado su vida por esas ideas justa, que no por ello se veían exentas de no poder luchar lejos de hombres, de hombres LIBRES. Libres porque daban igual los grilletes que mantuvieran sus manos y piernas atadas, sus almas habían roto las cadenas. Las cadenas que atan a un hombre a una vida de miseria bajo el yugo del capital, las clases o los amos, y soportando las flechas de la pobreza y el hambre que provocan llagas en sus espíritus sedientos y ansiados de libertad.


En cuanto terminaron de colocarles les grilletes los camisas azules los subieron al camión mientras los que habían sido vecinos y amigos les insultaban y gritaban cosas como ¡Masones!, ¡rojos!, ¡ateos! o ¡Arriba España! Pero ellos hacían oídos sordos a aquellos ambiguos que habían salido días antes a festejar la toma y colectivización de las tierras del pueblo, y la toma del poder por parte de la asamblea popular; y hoy les insultaban al tiempo que alababan a los falangista que habían llegado y a los que se habían rendido por considerar que las armas podían tomar la razón.


El camión arrancó bruscamente haciéndolos tambalearse y estar a punto de tirar a un falangista lo que le valió al conductor el grito de su superior. Mientras salían del pueblo algunos niños les siguieron lanzando piedras contra ellos que retumbaban contra el camión provocando ruido que se entremezclaba y fundía con los insultos y los llantos de las esposas e hijos de los hombres y mujeres que le acompañaban. Recorrieron aquel camino que transitaba todos los días para ir a Xixón a la siderurgia antes de que llevaran la revolución también a Verel. En el tramo inicial del camino, este estaba flanqueado a ambos lados por árboles altos y tupidos que impedían ver a los lados y conducían el frío viento de otoño contra sus caras. Más adelante se abría a un valle entre dos sierras atravesado por el río Tornes que vibraba al ritmo de las gotas que comenzaban a caer. Siguieron el camino contiguo al río hasta llegar al monasterio de Ornes, entonces el camión paró. Abrieron la puerta y los hicieron bajar. Fueron conducidos al patio exterior y los colocaron en fila junto a la tapia.


No tenía miedo, sabía que lo iban a fusilar pero habían triunfado. La comuna había funcionado y había sido necesario que los que le temían a su existencia hubieran usado la fuerza. Por la puerta por la que habían entrado salió el pelotón mientras los miraba uno a uno los ojos con una mirada fría y odiosa como el que sabe que le detestan pero el haber conseguido sus objetivos nubla el miedo de su corazón. Cargaron armas según les ordenaba el capitán. Mientras lo hacían su corazón se desbocó como un caballo, no por miedo a morir, sino al recordar que incumpliría la promesa que le había hecho aquella mañana fría y gris a su mujer y su hija de que se encontrarían en cuanto los fascistas fueran derrotados, en el piso que les había preparado en Xixón. Pero su corazón se apaciguó al recordar que si lo se lo hubiera prometido no podría haberla puesto a salvo y estaría muerta o aún peor bajo el fascismo. Entonces con los ojos inyectados en sangre y la rabia en sus bocas accionaron los gatillos al grito de ¡Fuego!


Fuego era lo que sentía en sus entrañas cuando las balas los acribillaron y su corazón se paraba lentamente tras otra repentina desbocada. Sus pupilas se dilataban mientras su mente se sumergía en el vacío justo antes de que los recuerdos acudieran a su mente como mariposas a las flores, sin sentido, siguiendo los deseos, y suave, muy suave y dulcemente como si fueran frágiles imágenes. Entonces balbuceando por la sangre que le venía a la boca y gorgoteaba en su garganta gritó ¡LIBERTAD!, a lo que se unieron el  resto de compañeros que gemían mientras intentaban reprimir los chillidos de dolor debidos a que los muy hijos de puta evitaron que murieran al instante y así verlos sufrir. Así se perdió el grito junto al retumbar de las escopetas, los gemidos y el caer de los cuerpos sin vida en el húmedo suelo del monasterio; en el frío viento que arrastraba las gotas de sangre salpicadas y el polvo.


Polvo que pisarían más adelante hombres y mujeres de igual corazón que continuarían la lucha que habían mantenido estos hombres y mujeres que dieron su vida por ella; ya tiempo después de que el monasterio donde murieron desapareciera, sus carnes se descompusieran y sus huesos se volvieran parte del polvo.


Pero estos hombres VIVEN porque tú y yo sabemos su historia; y lo seguirán haciendo mientras su lucha y su recuerdo se mantengan vivos.

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Todas las camas están heridas

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"Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse."

Gabriel Celaya

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Soy un soñador que ve el mundo de otra manera, a través de los oscuros cuentos encantados, las pesadillas surrealistas, sueños de libertad y los poemas que dormitan en lo más profundo de mí. Soy un intento fallido de escritor y una decepción de poeta. Soy rebelde, romántico idealista, hedonista, marxista, melómano, soy tantas cosas... http://miutopiadepapel.blogspot.com/2012/05/entre-delirios.html?spref=bl
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