Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

Felicidad y egocentrismo


El otro día me desperté llorando, me pasé la mañana llorando. Pero no era por ella, ya la olvidé. Pero bueno, estoy hablando de mí. Cuanto más pienso que el otro día lloré, más me alegro de haber estado triste, estoy feliz de estar triste. No, no se me ha ido la cabeza, tampoco me equivoco, es cierto que estaba feliz de estar triste, al menos todo lo más feliz que he podido desde hace tiempo. Es perfectamente posible ser feliz llorando de la más amarga tristeza. Por más que lo creas no son contrarios, es más, pueden ser complementarios, puede dormir la felicidad en las lágrimas. Lo contrario de la tristeza es la alegría, y la alegría no es la felicidad. Te lo dice quien no ha sido feliz por más que ha reído. Estoy feliz de mi tristeza porque esta nacía del mundo, me di cuenta que el mi mundo es una mierda, así de simple, así, de sopetón, por eso lloré. Estoy feliz porque tuve conciencia de mundo, era consciente me mi realidad, por lo que era libre. La felicidad es la autorrealización, y esta en mí esta es la libertad. Cuanto más libre soy, más yo mismo soy. Por tanto, cuanta más conciencia de la realidad tengo, más soy yo. Era Argos, ergo era ego. ¿Lo entiendes ahora? Estoy feliz de volver a ser libre, de volver a ser yo, y volver a tener conciencia de mí, nada de nosotros. Soy yo.

Olor a lloros y a niño chico


Olor a lloros y a niño chico. Qué lejos llega el ayer, no se va el cabrón. Tengo ganas de emborracharme. Nada de embriagarme de fiesta, no hay fiesta, no hay nada que celebrar. Lo que más deseo ahora es hincharme a whiskys hasta no saber siquiera quien soy, emborracharme, ser poeta quizás por última vez antes de que no sienta ya nada. Tan solo siento vacío, me aburro, cansancio. Estoy hasta los huevos de todo, ya me paso todo por los huevos. Me la sopla el mundo, me la sopla los sentimientos, me la sopla todo. Ando harto de este eterno nublado de quebrantos, harto de andar roto y no poder llorar. Casado de leer, cansado de escribir. No me interesa saber cómo veían los poetas el mundo, no me apetece escribir más. Y es que no tengo ni ganas ni nada que escribir. Y es que ni siquiera sé si me gusta escribir, sólo sé que no sé hacerlo. Quizás tan solo buscaba que alguien me escuchara, que no se perdieran mis llamadas de auxilio, auto-convencerme de que quizás sabía hacer algo, no narrar, no emocionar, es saber que es lo que siento. Y nunca lo supe, siempre tarde fui. Todo fue una mentira, estoy harto de escribir. Calladme la boca antes de que esto se torne una seria demencia y sea incapaz de darme cuenta que no soy un poeta, antes de que la poesía acabe conmigo. Tan sólo golpes, le entregué todo lo que sentía, y solo me golpeó, nunca me llevó arriba, sólo me hundió. Y por ello llegué a creer que eran las personas quienes te ayudaban a subir. Mentira. Mundo egoísta que enseña que el único camino para subsistir es ser igual de egoísta que el resto, ser uno más.
¿De dónde vinieron? ¿A dónde se fueron los sueños? ¿A dónde se los llevaron? ¿Por qué me los arrebataron? Tantos sueños sin cumplir. ¡Devolvérmelos¡ porque no sé vivir sin ellos, no sé ser uno más. Lo intenté y era uno menos. Os lo repito, traédmelos. Traedme mis sueños dormidos en un whisky. Que al derpertar estén acurrucaditos en el fondo me mi corazón de nuevo.

Sobre el feminismo


Pequeña reflexión en la que me habré dejado cosas en el tintero.

El feminismo me lo paso por los huevos, bueno, y las feministas también. No sé que defienden, por qué luchan. ¿La igualdad entre el hombre y la mujer? ¿No me dicen que mis ideas son imposibles? ¿A ellas no les dicen nada? El feminismo es imposible. No se puede alcanzar una situación igual entre hombres y mujeres cuando no existe una propia del hombre. Miro y sólo veo desigualdad, entre hombres y mujeres, entre clases. Pero la verdad es que ellas no quieren igualdad, ellas quieren sentirse protegidas por este sistema y cobrar lo mismo, denuncian una desigualdad y defienden otra. Hipócritas, por ellas me da asco esa palabra. Adoptan un mensaje victimista para politizar todo. Atacan todo, hasta el humor. ¿Humor políticamente correcto? Mataría la mitad y privatizarían la mitad para quien entiende el humor inteligente, muchas de ellas siquiera serán capaces de entenderlo. Es imposible acabar con el humor, además, es humor, es pique, ¿qué sería de esta vida sin provocar? Retomando lo del victimismo, se pasan. No hace falta repasar algunas medidas estúpidas tomadas por algunos gobiernos cómplices del feminismo y del sistema. Bueno, y por no hablar tampoco de lo bien asimilado que tienen el victimismo a la hora de hablar e insultar, machista, maltratador, etc. Las cosas por su nombre, no soy machista, y el maltrato es el maltrato, sea físico o psicológico, pero debe ser de verdad, no pueden abusar de esa palabra como hacen. La vulgarizan a hasta tal punto que pierde el significado, y luego son ellas quienes lo sufren y no son capaces de reconocerlo. Y lo mismo hacen con el feminismo, lo destrozan, por culpa de ellas me da asco. Y yo soy feminista, feminista de verdad, mi feminismo es de clase. Mi feminismo no entiende de sexos, entiende de clases sociales. No quiero que queden atrás en la búsqueda del mundo que busco, en la búsqueda de la igualdad y de la justicia. Porque valen igual, porque muchas son incluso mejores que nosotros en muchas cosas. Pero sólo cuando saben luchar, cuando se dan cuenta que el machismo no lo ejerce no lo ejercen los hombres, que lo ejerce la sociedad que quiere que las defienda y sus guardianes, el capital, las tradiciones y la religión. Así que yo digo con la boca bien grande que soy feminista. No quiero a mi lado ni una mujer ni una novia, yo quiero una guerrillera, de esas feministas de verdad que hay tantas por ahí y que no deben identificarse con las que menciono aquí. Por ellas, por las que siguen en la calle y por las que ya nos dejaron. No manchen su lucha.


Prometeo de desamor

De frágiles “te quiero”,
llantos amargos por falsos amores,
y de este invierno estoy ebrio.
Rezumando estaban por mil balcones
sus dulces plata besos,
tan solo quedó el trasegar de una noche.
Soy el puto Prometeo,
con la desazón rompiendo corazones.
Ligero corazón
que no hay quien lo ahogue en alcohol.

Borracho de bipolaridad

Te quiero, sí te quiero. Lo digo con la boca grande, sin esconderme, porque es verdad. Y te he querido aún mucho más, o al menos como si lo hubiera hecho, esa era la sensación, porque el querer no compartía espacio con nada más. Porque estaba enamorado, porque estaba tan enamorado que todos tus defectos, los enfados y malas historias quedaban sepultados, incluso llegué a enamorarme de ellos. Estaba realmente enamorado, tanto y se quedó en tan poco, falsos te quieros y poemas rajados. Todavía te sigo queriendo pero ahora quererte comparte sitio con odiar. No me enfado por lo que sientas, eso no se puede controlar. Me enfado porque me mentiste y parecía tan real; porque jugaste conmigo a pesar de que, aunque digas lo contrario, siempre fui bueno contigo; de que prometí mi garganta en tu defensa, promesa que no sé en qué quedará ahora que no quieres nada de mí. Te odio, te odio de una manera que debería darme vergüenza tras amarte tanto, de tal manera que no puedo dormir tranquilo. Te odio y te sigo amando. Y aún así queda sitio para la tristeza por lo perdido; para el arrepentimiento por dejarme llegar; para la decepción por estar tan ciego, por no querer ver; para la añoranza de los te quieros en el oído y los besos que eran una droga, siempre de mono, siempre colocado; sitio para perderme en mí mismo. No sé si hay sitio para la ilusión y la esperanza, si siguen ahí escondidas, atrincheradas tras una barricada de besos, o murieron bombardeadas. Es todo tan confuso que no sé bien qué creer, por qué luchar, pero al menos sé que siento. Esto va a ser mi única guía ahora que no tengo nada, ahora que no quiero que vuelva a suceder lo mismo. Pero no sé que será de mí mañana, no sé cuanto aguantaré, no sé cuando te decidirás a quererme o dejarme, a dejarme tranquilo. A la espera pero en pie, aunque tenga los ojos a la vez tan turbios por la tristeza y el odio y sin embargo tan claros de la esperanza.

13 ilusiones quemadas

Traicionado por mí mismo. Creerte lo que no eres, intentar creer que puedes ser algo más. Pensar que eres inmune, superior. Engañarte a ti mismo, a lo más profundo de tu ser. Violar a tu musa, a tu único amor verdadero, aquel que como nada te da nunca te decepciona, la libertad. Pretender alcanzar la libertad y atarse, aunque me creyera libre. Normal por otro lado cuando te sabe a polvo la boca y ya no puedes llorar más. Pero eso no justifica el haber sido tan gilipollas, el perder la razón y la objetividad. La sensatez y la memoria me las dejé en casa mientras iba a arrullar golondrinas. ¿Y ahora de que me extraño? ¿no lo esperaba acaso? ¡Cómo puedo ser tan iluso! No se puede esperar que nadie te ame cuando no vives para ti, cuando el amor propio fue ajusticiado por orden de la experiencia. Así nunca se es capaz de aprovechar las oportunidades, siempre arruinándolo todo. Es cierto, no se vivir y ser desgraciado es tan solo un cuestión de actitud y sangre fría. Me enamoré de una quimera y me engulló con su boca. Ahora me niego a luchar en defensa de lo que no luché por conseguir, dejaré que el tiempo y el capricho jueguen conmigo intentando aguantar sin romper en lágrimas. Mientras, estoy abriéndome las venas con poemas e ilusiones, y no sin saber para y por qué. Mi corazón como la franja de Gaza, bombardeado, sin más defensa que una desgastada ilusión. La ilusión de que pueden curarse las heridas más hondas, las que no abren cuchillas. La misma triste ilusión que ayer soñaba con acabar con la soledad de mil vidas en una sola noche. He sido un hombre que en soledad buscaba algún rinconcito por donde respirar, pero ya no busco en lunas y los libros, sino en las enseñanzas que alimenta mi sangre y se esconde bajo cicatrices que ya son de otras guerras. No busco porque no sé siquiera que será de mí mañana. Puede que esta noche no duerma de tan borracho que voy, bebí demasiadas ilusiones. Y aquí borracho, cuanto más reflexiono más me doy cuenta de que nunca existió la posibilidad de estar unidos. En el fondo soy yo el bueno y lo peor de todo es que toda esta mierda que me cubre es tan cierta como que estoy llorando sin derramar una puta lágrima. Hoy y ayer, todos los días iguales.

Donde me pierdo para encontrarme

Una inmensa encina. Sigue siendo grande, pero ya no es infinita, alcanzo a ver su copa. Da una sombra fresca en la que podría estar mañanas y tardes enteras sin pensar en nada, aunque también deja pasar los rayos de luz para bañar la cara. Está junto a un pequeño arroyo de aguas claras y lecho sucio en el que meter los pies es una delicia y no cesa el borboteo como una nana. Quizás no es el sitio más bonito o el más limpio, quizás sea más bien cutre, pero allí me he dejado gran parte de mi vida. Mis tardes de paseo durante la infancia a ver el tren soñando viajar como él, hasta donde la vista se pierde en el horizonte, pensando que allí estaba mi sitio, era feliz y a nadie daba pena. Mis mañanas adolescentes, en las que aún con el sol escondido, íbamos con la bicicleta para hacer deporte que decía, aunque en realidad era para reírme hasta que me dolía la barriga, y a veces pelear también, con mi mejor amigo. La mejor manera de empezar el día y poder sentirme feliz. Y esas mañanas de verano siguen, pero comparten el sitio con paseos en los que yo solo voy para aclarar mis ideas, para hundirme, para salir a flote, para inspirarme, para sobrevivir, cada paseo una aventura sin saber que será de mí.
Me encanta esa encina. Quería ser una rama y dormirme con el viento meciéndome, sin preocupaciones más que ver un tren pasar. Allí nacieron todas mis ganas de vivir, mis planes para acabar conmigo mismo, mis ansias de romper con el mundo y mis cojones para seguir adelante. Hoy volví a ser feliz allí.

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Todas las camas están heridas

Insurrectos

"Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse."

Gabriel Celaya

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Soy un soñador que ve el mundo de otra manera, a través de los oscuros cuentos encantados, las pesadillas surrealistas, sueños de libertad y los poemas que dormitan en lo más profundo de mí. Soy un intento fallido de escritor y una decepción de poeta. Soy rebelde, romántico idealista, hedonista, marxista, melómano, soy tantas cosas... http://miutopiadepapel.blogspot.com/2012/05/entre-delirios.html?spref=bl
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