Un verso en cada lágrima salada,
derrama la desgarrada princesa.
Sus ojos sangran en la madrugada,
para regar flores de primavera.
No duerme, llora hasta que la alborada
rompe el cielo, y sus llantos platean.
Supura al viento desolada sangre
mientras que a mí se me llaga la carne.
Qué no me da la gana vestirme de gala, para cantar a lunas de plata si nada es lo que canta mi garganta, si tengo machacada el alma. No me visto de gala para hablarte con lindas palabras si no son escuchadas. Que no ve da la gana vestirme de gala para nada. Nada fuimos, quedó nada. Y por ello brindo. Hoy brindo por las rebeldías, los sueños, la ilusión y los besos. Pero también por el odio, la impotencia, los fracasos y la rabia. Por esas veces en que me saben a sangre la boca y los labios, por esas veces que me los rompo a bocados. Brindo porque la vergüenza se sació de desidia. Brindo.

